GAY EN EL OPUS DEI: descubrir tu homosexualidad siendo numerario

abril 21, 2008 at 11:13 am 1 comentario

Testimonio de “E. A.” publicado originalmente en Opuslibros.org el 16 de agosto de 2003, con el título: “Descubrir tu orientación sexual siendo numerario”

Navegando por la red me encontré con vuestra página y me ha enganchado. Yo fui miembro numerario del Opus Dei varios años. Un familiar mio me recomendó que fuera por un centro de la Obra. Aunque el ambiente no me enganchó en absoluto, ya que lo encontraba muy postizo y superficial, sí empecé a ir a estudiar por allí porque en el club de Madrid al que yo iba había una buena y silenciosa sala de estudios. Me empezaron a llamar a mi casa los del centro, diariamente, para que fuera por allí más a menudo. Me presentaron al cura, Don José Gil, un andaluz, que me cayó muy bien, dicharachero, abierto… además me gustaba estar estudiando y de pronto hacer un alto en el camino y pasarme por el Oratorio y pasar unos momentos junto al Señor.

Aunque había cosas que no me gustaban, (la obesión patológica por la pureza, el clasismo, la utilización de las personas: a los pobres en las “visitas de pobres”, a los amigos para que vengan al centro…) la idea de servir a Dios y a los hombres me entusiasmó y sobre todo sin tener que ser cura. Así que pité en un UNIV.

Siendo miembro numerario empecé a darme cuenta de que todas las preocupaciones y trabas que ponían para tratar con las chicas, a mí me parecían una exageración. Soy una persona muy alegre y extrovertida, y contactaba facilmente con chicas y chicos en la Facultad, por eso me parecia una parida eso de “entre caballo y caballero: caballo” en el trato con las chicas. Paulatinamete me di cuenta de que sentía atracción hacia personas de mi mismo sexo. Imaginaros amigos y amigas la lucha interior que se desarrolló en mi conciencia.

 

 

 

Yo considero que la Biblia contiene numerosas exigencias éticas pero las exigencias que se presentan no se centran primariamente en el plano de la sexualidad, sino que el verdadero centro de gravedad, se situa en una adecuada relación con el único Dios y en la justicia interhumana. Es lo que expresará Jesús al afirmar los dos mandamientos principales de la ley y al subrayar la identidad de los dos preceptos del amor a Dios y al prójimo. El que así piensa es Don Javier Gafo, sacerdote jesuíta. “Cristianismo y Homosexualidad” Ed. Desclée de Brouwer. Por desgracia no todos en la Santa Madre Iglesia tienen una actitud de igualdad, respeto, toleraciancia y amor a las personas indipendientemente de cual sea su orientación sexual, y en el Opus Dei no había sacerdotes como don Javier Gafo sino todos estaban cortados en el mismo patrón.

Y allí estaba yo todo el día cubriendo mi cama con agua bendita y pidiendo a Dios que alejara de mi aquella sensación que me hacia tan infeliz. Yo no hacía más que pedirselo a la Virgen, que yo quería ser “normal” como “todos” mis compañeros. Yo repetía la jaculatoria “si vis potes, me mundare”, una y otra vez, sobre todo cuando me acercaba a comulgar. Fomenté mucho la piedad al Santisímo Sacramento y me recorrí los principales Santuarios marianos de Europa pidiendo a cada advocación de María en cada país mi “curación”: el Pilar, Lourdes, Fatima, y otros en Italia, Suiza, Austria, Baviera, Polonia….. en fin, creía que la Obra me daba unos instrumentos para poder luchar contra esa sensación que tanto me aturdía que tenía dentro de mí (que no era otra cosa que el ser homosexual).

Mientras tanto yo seguía como numerario en mi Centro de Estudios, en el Colegio Mayor Santillana, y con los estudios y la oración procuraba llenar mis días y olvidarme de lo que tanto me aturdía. Tengo que decir que intenté ser un buen numerario: hacía mi plan de vida, apostolado, y mantenía mi lucha siempre en guardia. En mi charla fraterna siempre era “salvajemente sincero” salvo en “eso”, porque el que yo sintiera atracción hacía personas de mi mismo sexo, sabía que estaba muy mal visto por los de “casa”.

Yo mantenía siempre la guardia: me duchaba con agua fría, (luego me enteré que no había que ducharse, sino sólo estar un rato debajo del agua ofreciendolo por “las intenciones del Padre” y luego seguir con tu ducha con el agua normal. Claro, como no lo sabía, me lavaba hasta la cabeza con agua fría en pleno invierno y siempre pillaba unos gripazos que mi madre no sabía donde los cogía), guardaba siempre la vista (con chicos claro), rezaba el rosario, siempre estar ocupado: deporte, oración, estudio….

Una situación así, mantenida por mucho tiempo, acaba con cualquiera, gracias a Dios que yo soy un tipo fuerte, pero ya estaba harto de los típicos comentarios homófobos que oía en mi “casa”. Se suponía que la caridad y el amor al prójimo eran el primer mandamiento, ¿porqué los numerarios y el sacerdorte se comportaban con tantos prejuicios cuando se mencionaba este tema?. Una vez un numerario empezó a llevar al Centro a un chico. Respondía a los patrones: de buena familia, universitario, tenía mucha piedad, acudía a los medios de formación….. y de pronto dejó de venir por el Colegio. Yo pregunté por él, extrañado por su repentina ausencia. Me dijeron que habían recomendado que lo dejaran de tratar porque el chaval en cuestión había comentado al numerario que lo trataba, es decir, a lo que se suponía que era “su amigo” que “era homosexual”. Todo esto añadido con cometarios jócosos -para ellos claro está-. Me quedé alucinado, pensé en la falta de caridad que eso suponía, en la homofobia que demostraron con esa acción.

Así que poco a poco me fui desencantado de todo aquello, no eran tan estupendos ni amaban al próximo tanto como yo pensaba; el cura don Juan Luis O´Dogerthy, no hacía más que presionar para que llevaramos “amigos” al Colegio, y de pronto me veía tratando a gente, compañeros que humanamente no me interesaban en absoluto, que sólo me interesaba que fueran a la meditación, pero ellos me daban igual. Me vi usando algo tan bonito como es la amistad, algo que ellos desconocen por completo. Y me asusté de mi mismo, porque yo no era así. Veía a aquellos pobres chicos que yo llevaba al Colegio y a ese cura de infausto recuerdo diciendoles algo así “como que les proponía un plan imponente, imponente”, y repetía varias veces el adjetivo al final de la frase.

Se organizó una convivencia a un país europeo y yo fui de Subdirector. Llevaba a un pobre amigo mio, recuerdo que nos llamaron porque el Padre, don Alvaro, estaba en ese país, ya que venía de un viaje apostólico por Africa.

Como en ese país europeo no eran muchos, en la Tertulia estabamos cuatro gatos. ¡Qué gran alborozo para los españoles, tan fogosos y mediterráneos comparados con esos fríos europeos! en la tertulia no seríamos más de treinta personas. Y ahí estaba yo sentado a los pies de don Alvaro del Portillo (si él, se puso el “del” no seré yo quien se lo quite, por mucho que diga nuestro querido amigo Fisac). Recuerdo que fue muy cariñoso conmigo, me besó en las mejillas (¡¡¡a mi!!! ¡¡¡a un gay!!! claro que él no lo sabía, que si no….), me preguntó mi antigüedad en la Obra, y cuando dio la bendición final, la dio con las manos puestas sobre mi cabeza. Yo no hacía más que pedir al Espiritu Santo que en aquella bendición bajara sobre mi y me “extirpara” la homosexualidad. Pedía un milagro, y estaba seguro que se iba a producir: tenía fé, estaba en gracia, y el Espiritu Santo usaría a un hombre tan santo como era don Alvaro para “curarme” y así yo ser mejor cristiano.

Ahora, con los años y con la madurez alcanzada, todo aquello es bastante cómico, pero para un joven universitario sometido a aquella presión psicológica, todo aquello era vivido como una tragedia….. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de que no estaba “curado”. Siento defraudar a los que rezan por la beatificación de don Alvaro, pues milagros en vida, no sé si hizo alguno, pero ese, desde luego que no.

Cuando llegué a mi Colegio ya en Madrid, leí la Carta que mensualmente mandaba el Padre a todos los centros, (no sé si seguirá ocurriendo eso), y me di cuenta que estaba firmada como siempre en Roma, a 1 de septiembre de aquel año, (fue unos años antes de fallecer él), y me di cuenta que ese día 1 de septiembre, él no había estado en Roma, sino conmigo dándome la bendición en otro país europeo, no precisamente muy cercano a Roma. Si la escribía él personalmente porque quería mucho a sus hijos-as y quería estar en contacto con ellos-as (versión oficial), porqué no estaba firmada donde realmente la había escrito (que no era Roma), a no ser que se las escribieran y firmaran por él. Parece una parida, pero me sorprendió mucho. Lo consulté y me dijeron que no, que el Padre era el que escribía las cartas y punto. ¿No era más sencillo decir, pues puede ser que haya dejado unas indicaciones escritas y las hayan redactado por él por si estaba de viaje? Pues no, no hubo más explicación, y si en esa cosa tan nímia eran tan intransigentes, imaginaros en todo lo demás.

Cuando me fui de la Obra tuve la oportunidad de conocer a varios numerarios y numerarias que también eran gays o lesbianas y que habían estado dentro, alguno de ellos hastas siete años. Otro, sin aceptar su orientación sexual, prefirió seguir con las mentiras en su vida y se casó. Me fui de la Obra sin ningún resentimiento hacia nadie. A las personas con poca madurez e inteligencia que traté prefiero olvidarlas, a las buenas, las recuerdo con afecto. Pienso que la Iglesia debe hacer acto de contricción sobre como trata a sus hijos homosexuales, comportarse como una Santa Madre y no como una madrastrona. Al Opus porsupuesto que le veo incapaz de someterse a semejante catarsis. Tengo entendido que actualmente, y dada la lógica normalización de estos temas en una sociedad cada vez más libre y avanzada, han tenido que realizar una especie de guía de uso para hacer frente a estos temas.

Actualmente soy una persona feliz, vivo con mi pareja en una relación de amor y respeto mutuo como cualquier otra pareja heterosexual, y apesar de la Iglesia sigo considerandome católico aunque vivo la religión con un mayor distanciamiento. Mi pareja, que procede de una familia de tradición laica y liberal, de absoluto respeto a los demás, sean como sean y piensen como piensen (eso sí es educar en libertad), se sorprende de como viví algo que fue tan natural para él. Respeta aunque no entienda que todavía ponga la “X” en mi declaración del IRPF a favor de la Iglesia, y siempre que cuando estamos viajando y yo quiero entrar en una Iglesia (el Espíritu Santo sopla donde quiere, decía en Camino San JoseMaria Escriva, me da pereza quitarle el “San”), me pregunta con curiosidad, por qué”hago esas cosas tan raras” cuando al pasar por el Sagrario hago la pertinente genuflexión ante el Santísimo.

Sé que la Curia actual está muy influida por el Opus, por eso veo con pocas esperanzas que la Iglesia se acerque a las conclusiones del documento “Personas homosexuales en la sociedad” del Concilio Católico holandés para la Iglesia y la sociedad, donde se afirma “que la moralidad de los actos homosexuales debe determinarse por los mismos principios generales que regulan el comportamiento heterosexual. Las expresiones homosexuales -continua el documento- son en si mismas neutras y su moralidad depende del hecho de que sean forma de expresión genuina de amor. Los homosexuales tienen el mismo derecho a la intimidad y a las relaciones que los heterosexuales. Como los heterosexuales , estan también obligados a aspirar en sus relaciones a los mismos ideales…. Las normas que rigen la morarilidad de la actividad homosexual son las mismas que gobiernan toda actividad sexual”. Para los obispos holandeses, el “género” sexualidad se realiza en dos “especies” la hetero y la homosexualidad, de las que la primera es mucho más frecuente que la segunda, pero los criterios de evaluación de ambos comportamientos dependen de la existencia de un amor fiel y exclusivo en que se vivan ambas relaciones.

Me uno al sacerdote jesuíta John McNeill en pedir una revisión de la doctrina católica sobre la homosexualidad (McNeill J, La Iglesia ante la homosexualidad, Grijalbo, Barcelona, 1979), donde afirma que en las conductas homosexuales “son aplicables las mismas reglas morales que se aplican a la heterosexualidad”, en las que el criterio decisivo es la existencia de fidelidad y estabilidad. Yo, procuro vivir según estos canónes, alejado de todo fanatismo que una vez estuvo en mi vida.

Creo que todos debemos aprender a vivir amando a los demás, y valorandoles según sean en su comportamiento ante los hombres, no dependiendo de a quien amen o con quien vivan su intimidad.

Quiero terminar si me permiten trascribiendo la experiencia que cuenta el personaje Joaquín en la novela “No se lo digas a nadie” del escritor Jaime Bayly:

“Lloraba porque no tenía ganas de decile a mi madre “tienes que entender que soy homosexual, mamá, siempre fui homosexual, probablemente cuando estaba en tu barriga ya me estaba haciendo homosexual, pero no por eso soy una mala persona, no por eso dejo de quererte…. si sólo pudieras entender que soy homosexual porque esa es mi naturaleza y porque yo no la puedo cambiar, y por favor, no veas mi homosexualidad como un castigo de Dios, no lo veas como algo terrible, porque no lo es, míralo más bien como una oportunidad de entender mejor a la gente, para entender que las cosas son más complejas de lo que a veces parecen, que las cosas no siempre son blancas o negras…..”

Muchas gracias por publicar mi carta. Un saludo muy afectuoso, y que Dios nos bendiga a todos.

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Un chiste sobre el gran pecado de soberbia del Opus Dei Colegio Mayor Peñafiel 1994/1995 “Recuerdo la presión total que se ejerció sobre mi”

1 Comentario Add your own

  • 1. Patricio Villagómez  |  julio 8, 2010 en 3:59 pm

    Valiente carta!
    Gracias por compartir tu experiencia con la globalidad de la red, estáte seguro que haces mucho bien a muchas personas. Al igual que ti yo estuve mucho tiempo en el Opus, no como miembro, pero asistiendo a los “centros de formación”, negando mi naturaleza y viviendo un infierno interior muy fuerte, pidiendo y repidiendo el “milagro” de mi curación. Gracias a Dios, llegó el tiempo en que comprendí que no tengo ninguna enfermedad. y que puedo ser feliz sin negar mi propia naturaleza. Tengo la esperanza que algún día la iglesia cambie su tosuda posición frente a la homosexualidad. Ojalá Dios, abra los ojos de las cabezas para acelerar el proceso.
    Cierro este comentario con tus palabras, que Dios nos bendiga a todos.

    Responder

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